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1931 - LA REPÚBLICA |
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El mandato de Ángel Núñez Ron dura apenas un año y en este período Justino Gómez, al fin farmacéutico titular, reclama al gobierno municipal una mayor partida en el presupuesto para atender las necesidades de los pobres en lo relativo a medicamentos. También Benigno Terrón Rodríguez expone la conveniencia de construir un camino vecinal que enlace Curtis Estación con el lugar donde se halla situado el puente de A Raia, camino que tendría una longitud de 750 metros, lo cual evitaría a los vecinos el tener que dar un rodeo por el punto conocido como El Empalme, lo que supone una distancia aproximada de tres kilómetros.
Esta misma corporación en
diciembre de 1930 requiere a la propietaria del campo de la feria,
Pilar Pena, para que proceda al saneamiento del solar, que se
encuentra encharcado por un riachuelo que lo atraviesa en la parte
baja, al tiempo que se indica que debido a la estrechez actual de
las entradas al recinto, por las que apenas pueden pasar las
personas, tome las medidas que estime necesarias para su
ensanchamiento en una extensión no inferior a cuatro metros.
Tras la dictadura de Primo de Rivera se produce en toda España un gran movimiento de apoyo a la constitución de la República, y en muchos pueblos surgen asambleas que en Curtis tienen como organizador a José Ríos Moros. El Aragonés pronto consigue un nutrido grupo de simpatizantes de la causa republicana entre los vecinos del núcleo urbano, gente que nunca se caracterizó por su conservadurismo dada su condición de pioneros, y se crea el Circulo Republicano de Curtis. Ángel Ocampo Carreira es de los primeros en hacer pública su simpatía por la República y pasea en uno de sus coches desde la Estación hasta el Empalme ondeando la bandera tricolor. El Aragonés, Ramón Sánchez, el factor Benito Moar y el maestro Serafín Rosende, son los organizadores de una fiesta cuya celebración se ve reflejada en un comentario publicado en la prensa de La Coruña y en esta reunión tratan de elaborar una candidatura de cara a las próximas elecciones municipales. El 15 de marzo de 1931 el Gobierno Civil procede a dividir el Ayuntamiento en dos distritos para los comicios. El censo en el término municipal es de 5.861 habitantes, por lo que en relación a esta cifra corresponde elegir un alcalde, dos tenientes de alcalde y diez ediles. El primer distrito comprende las parroquias de Santaya y Foxado y el segundo está integrado por el Barrio de Rincón, la parroquia de Fisteus y la recién creada de Santa María de Lourdes; al primer distrito le corresponden cinco concejales y al segundo ocho. En Curtis se elabora una lista que encabeza José Ríos Moros y en la que figuran Ángel Ocampo Carreira, Francisco Dans González, Ricardo Pérez Quintana, Manuel Gestal Blanco, Ramón Sánchez López, Manuel Martínez Sánchez, Antonio Caínzos N., Tomás Seoane Sánchez y el maestro nacional Serafín Rosende Purriños. Se llevan a término las elecciones y de este grupo resultan elegidos José Ríos Moros, Ángel Ocampo Carreira, Manuel Gestal Blanco, Ramón Sánchez López, Manuel Martínez Sánchez y Antonio Caínzos N., que obtienen 291 votos cada uno de ellos. Por el otro grupo, formado por vecinos del barrio de Rincón, Santaya y Foxado, salen elegidos Ramón Espiñeira Rodríguez, Benito Caínzos Sánchez, Francisco Fernández Seoane, José María Ares Calvo, Andrés Fidalgo Ares, Manuel Pérez Pérez y José Prado Sánchez, lo que representa mayoría para esta opción. Los dos grupos acuden varias veces por separado a la casa consistorial y pretenden crear su propia corporación, hasta que se recibe un telegrama del gobernador civil en el que expone que se suspende la formación de cualquier corporación y en tanto se nombre un gestor por cada uno de los distritos que concurrieron a las elecciones, siendo designados José Ríos Moros y Ramón Espiñeira Rodríguez, respectivamente, quienes convocan pleno para la semana siguiente en el que acuerdan nominar las «calles» existentes en Curtis y Teixeiro. A la vía principal del núcleo de Curtis se denominaría Calle de la Libertad, y la que partiendo de esta vía conduce hasta La Illana, se le llamaría Calle de los Capitanes Fermín Galán y García Hernández (líderes en el alzamiento de Jaca); en Teixeiro, a la que partiendo de la estación conduce a Sobrado se conocería por Avenida de la República y a la que del paso a nivel conduce a La Castellana, recibiría el nombre de Mártires de Jaca; por último, la que del paso a nivel va a los muelles del ferrocarril llevaría como nombre Calle de la Independencia. Sin embargo estos acuerdos nunca llegaron a buen puerto por las discrepancias y disparidad de criterios entre los miembros de ambos distritos. Los de Curtis, encabezados por el Aragonés; dejan de acudir a la casa consistorial en donde, como ya se ha reflejado, existe mayoría por el grupo de Teixeiro - Santaya - Foxado y se nombra alcalde a Ramón Espiñeira Rodríguez. El mandato de Ramón Espiñeira es más bien tranquilo y procura no volcarse a favor de ninguna de las localidades importantes del municipio, Curtis o Teixeiro, y sí en cambio le presta más atención a los problemas de las aldeas y a las escuelas municipales. En Curtis, a pesar de ello, poco salen favorecidos de esta política los niños que acuden a clases en locales existentes detrás del café de Lucas, en casa de Raimundo Valledepaz y posteriormente en otra de Manuel Beccaría, mientras las niñas siguen asistiendo a la escuela del Empalme, donde la maestra lo poco que enseña es siempre con musiquilla monótona y pegadiza, aunque se vuelca en lo que es una consumada experta: la enseñanza de costura y bordado.
Esto en lo relativo a la escuela pública, en la que es maestro Serafín Rosende Purriños. En lo concerniente a la enseñanza privada, sobre todo en lo que se refiere a las primeras letras, fija su residencia en Curtis Isabel Domínguez Posse, que durante más de treinta años enseñó a varias generaciones de curtienses a leer y escribir, con una dedicación y cariño absoluto, volcándose, además, en la preparación de pequeñas obras teatrales, declamación, etcétera. La primera escuela de «doña Isabel» se establece en una casa propiedad de Justino Gómez, a la entrada de la carretera de A Illana y que más tarde se conocería por la de Juan o Muiñeiro. Pasados los años, doña Isabel ocupa otro local en el barrio de San José, donde sigue dando clases durante muchos años. Con estos maestros y la ayuda del telegrafista Isaac Pacheco, alcanza Curtis un nivel cultural elevado para la época. Se forma una Sociedad Cultural que encauza el ocio de la juventud, con excursiones, los primeros partidos de fútbol, bailes y grupo teatral. Isaac Pacheco se encarga de realizar decorados para cada una de las funciones, llegándose a representar varias partes la zarzuela «La rosa del azafrán», que el grupo de Curtis lleva a Guitiriz, Arzúa, Melide, etcétera. Otra de las obras representadas, y que durante mucho tiempo fue comentada en el pueblo es «La fuente de los amores», con un decorado imitando arbolado, donde se había instalado un barril lleno de agua y recubierto de musgo, con un pequeño grifo por el que manaba el agua, consiguiéndose un excelente efecto de fuente. Los primeros bailes organizados por la Sociedad tienen lugar detrás del café de Lucas, celebrándose los domingos y días de feria al son de un excelente organillo, aunque en fechas señaladas, como los Carnavales, se cuenta con el concurso de una orquestina que anima a las numerosas mascaritas que acuden a la sala. Más tarde, el baile se celebra en un almacén existente en el solar que hoy ocupa la Caja de Ahorros, para trasladarse definitivamente a los salones que posee Paquito de Rosende, que tras emigrar a América regresa a Curtis y abre una sala de fiestas. La afición de Paco de Rosende a la tertulia sobre política pronto le vale el apodo de «Sagasta». Después de unos años en Curtis, Francisco de Rosende decide volver a cruzar el Atlántico y traspasa el negocio a un personaje que resulta muy popular: Domingo Fandiño, quien rotula el establecimiento con el nombre con el que será durante muchos años conocido: «Café Moderno». Domingo Fandiño, extrovertido y ameno conversador, es amigo de contar sus aventuras de emigrante en Norteamérica. Según él narra, tuvo fonda en Nueva York, Filadelfia, Brooklyn y Pittsburgo, así como en Cuba, establecimientos a los que siempre denominó «Curtis». Hombre de 109 kilos de peso, presume de finalizar el día con cincuenta tazas de vino del Ribeiro en su estómago, además de veinte cafés y diez copas de coñac, todo para regar una abundante comida. Si encuentra una persona que escuche sus aventuras es hombre feliz. Lo mismo describe fabulosas cazas del jabalí en los próximos lugares de Arceo, que narra los trompazos que asestó a unos negros en Cuba, pensando que los morenos habían silbado al paso de su mujer, sin percatarse que un «pájaro pinto», en lo alto de unas ramas era el autor de los silbidos. Tampoco Domingo olvidará contar al atento oyente su viaje de regreso, afirmando que entre su equipaje figuraba un vagón repleto de corbatas para su uso personal. Esta afición de Domingo Fandiño a la narrativa de sus vicisitudes consigue que se le conozca con el apodo de Domingo «o mentireiro». Y por este tiempo, en el escaso terreno industrial, se ve Curtis favorecido con la instalación de un aserradero especializado en tablilla destinada al embalaje de frutas que es remitida a Murcia y otras zonas del Levante español. Alfonso Torres, hijo del jefe de la estación, es el promotor de esta factoría, que llegará a tener un considerable número de obreros. Otro maestro arriba a Curtis por estos años y su recuerdo ocupa un trozo del corazón de muchos vecinos que hoy cuentan con verdadera nostalgia a sus hijos y nietos las enseñanzas de este hombre recibidas: Eduardo Fariñas Alonso, «don Eduardo». Don Eduardo, maestro nacional, enamorado de su profesión, intenta inculcar todo su saber a los numerosos niños que acuden a su escuela y hasta altas horas de la noche imparte clases a diversos grupos, alguno de los cuales, en las largas noches de invierno acomoda alrededor de la cocina de su casa para tratar de combatir el frío. A don Eduardo, maestro querido y popular, sus ideas liberales le acarrearían serios problemas en los años siguientes. |