Hechos, datos y personajes para la historia de un pueblo nuevo

 

Por Andrés Mariño Sanmartín

capítulo anterior

capítulo siguiente

DIVISIÓN DEL MUNICIPIO EN SECCIONES

     A partir del año 1911 ocupa la alcaldía Angel López Vázquez, bajo cuyo mandato se divide el término municipal en cuatro secciones para la organización de la junta municipal: la primera comprende los barrios de Santaya y Rincón, en la parroquia de Santa Eulalia, con cuatro vocales; la segunda, la parroquia de Foxado, con tres; la tercera, con dos vocales, es la «cuadrilla de arriba» de Fisteus y la cuarta, también de Fisteus, se compone de las aldeas al sur de la vía, con tres vocales.

 

     Este mismo alcalde, para cubrir los cupos de alcoholes, sal, aguardientes y licores fijados en el presupuesto municipal para el año siguiente, aprueba que se «contemple como casco de población la aldea de Bodeus o Estación de Curtis».

     Entrados ya en marzo de 1912 se produce un acontecimiento que durante varios días es motivo de comentario entre los vecinos: el paso del rey Alfonso XII hacia Ferrol para presidir la botadura del buque «España», y el regreso a Madrid dos días más tarde. En la estación se organiza una pequeña fiesta a la llegada del tren, con disparo de bombas y la actuación de un gaiteiro del país, lo que supone a las arcas municipales un gasto de 118 pesetas.

     La explanada de la estación sirve también de escenario en este mismo año a otro acontecimiento de signo bien diferente. El 23 de septiembre de 1912, en asamblea celebrada en Madrid, el Comité Nacional de la Federación Ferroviaria toma la decisión de declarar huelga general, por lo que en Madrid el gobierno del conde de Romanones pone a disposición de las empresas ferroviarias destacamentos militares del cuerpo de Ingenieros.

     Hasta el cinco de octubre, día en que finaliza la huelga, una de estas compañías tiene por base la explanada de la estación de Curtis, donde los soldados hacen la instrucción y diversos ejercicios, bajo la curiosa mirada de los niños del pueblo, para los que el acontecimiento supone un auténtica fiesta. La clase de tropa pernocta en los vagones estacionados en las vías, mientras los oficiales lo hacen en la fonda del Aragonés.

     Por estas fechas llega al pueblo Manuel Vázquez Pérez, hombre dinámico y emprendedor, que alcanza gran popularidad en Curtis y en toda la comarca por el oficio que en un principio desempeña: «Manuel o Barbeiro». Llega «O Barbeiro» procedente de Canfranc (Huesca), a donde había acudido en busca de trabajo. En Melide había dejado a su familia mientras él se desplaza a tierras aragonesas. Lo fatigoso del viaje de regreso hace que se quede dormido en el tren y tenga que apearse en Curtis y no en Lugo, como era su deseo. Mientras espera que algún medio de transporte lo traslade a Melide, decide afeitarse y tomar un café; cuál sería su sorpresa al comprobar que en el nuevo núcleo de población no existe barbería alguna. Al momento vislumbra el futuro de su vida. Viaja a Melide en busca de su familia y de regreso en Curtis alquila un local en las casas de planta baja existentes en torno a la estación para instalar una barbería (este local será más tarde dedicado a carnicería). Su destreza como barbero pronto lo hace popular, a pesar de tener que enfrentarse con una clientela que en muchos casos acude a cortar el pelo con una cantidad ingente de piojos, dada la falta de higiene que presentan los parroquianos, o bien tiene que hacer afeitados a personas con barba de quince días, pues tienen como norma los paisanos acudir a la barbería el día de feria o bien los domingos antes de acudir a misa.

     A la barbería de Manuel acuden un día dos parroquianos con una apuesta de una comida por medio.

   -Manuel, queremos afeitarnos, pero tiene que ser antes de la llegada del correo, en el que nos vamos hasta La Coruña.

     El barbero mira el reloj y comprueba que faltan menos de diez minutos para el arribo del tren. Casi no deja terminar al que habla y le indica el sillón; no bien se había acomodado el cliente, ya tiene la cara enjabonada y el barbero la navaja en ristre. Dos pasadas rapidísimas, y ¡el siguiente!

     Poco más de cinco minutos fue el tiempo invertido por Manuel en el trabajo, que más tarde comparte la comida con los clientes.

     A los pocos años de instalarse en Curtis, Manuel Vázquez también inaugura un café en un edificio del callejón que da al paso a nivel hacia la Aldea Vella.

     En lo concerniente a la vida municipal, la etapa de Angel López al frente de la alcaldía es un período que puede calificarse de tranquilo, y en el cual en Teixeiro se producen nuevas construcciones. En estos años edifica en las proximidades de la estación de Teixeiro Ramón Peteiro Rey, casa y un almacén, y Angel Seoane dota de galería a la casa de su propiedad. Y a Manuel Paredes Sanmartín, vecino de A Gulpilleira, se le autoriza a construir un «arrimo de doce cuartas de ancho».

 

     El mandato como alcalde de Angel López se prolonga hasta finales de 1914, sucediéndole en el cargo Vicente Ríos Otero.

     Al tiempo que esto acontece, los carruajes y diligencias que efectúan el transporte de mercancías y viajeros comienzan a verse desplazados por la adquisición de automóviles por parte de algunas compañías, que vienen a mejorar el servicio en cuanto a rapidez y capacidad de carga. Este movimiento mercantil mueve a los comerciantes a iniciar gestiones encaminadas a lograr una oficina de telégrafos para el pueblo, que complete la ya existente en la estación del ferrocarril y que este nuevo servicio enlace telegráficamente a Curtis con Melide, por ser el punto con el que más relaciones comerciales se sostienen. Esta mejora se logra tras muchas gestiones, siendo el primer telegrafista destinado en Curtis Isaac Pacheco.

     En Teixeiro, la dinámica de crecimiento es similar, y así, en 1915, Francisco Sánchez García expone a la Corporación la desaparición del mercado o feria que venía celebrándose en terrenos situados enfrente de la estación los días 19 de cada mes, y que las edificaciones allí realizadas han sido el motivo de su desaparición, por lo que ofrece de forma gratuita terrenos para que pueda volver a celebrarse. El ayuntamiento toma en consideración lo expuesto por Francisco Sánchez y aprueba que se celebre feria en Teixeiro el último día de cada mes.

     Por estos años la cantidad de jóvenes que emigran hacia Argentina y otros países de América en busca de fortuna antes de haber cumplido el servicio militar, es motivo de bandos municipales colocados en las tabernas demandando la presencia de gran número de mozos ante la caja de reclutamiento para no ser declarados prófugos. Asimismo la junta municipal sigue dividiéndose en cuatro secciones y forman la de Fisteus de abajo -a la que pertenece Curtis Estación- los señores Miguel Pérez Ponte, Manuel Liñeira Espiñeira y Antonio Espiñeira Pérez.

     También por estas fechas la escuela de Fisteus que ocupaba unos locales propiedad de Benito Fiaño Gándaras se traslada para A Illana, a casa de Andrés Brañas Sánchez, que al parecer reúne mejores condiciones para impartir clases a los niños de estas aldeas.

     En los veranos de esta década, sobre 1918, Pedro de Rosende hace con sus carrilanas un servicio hasta Sada para trasladar a las mujeres que tienen que tomar «los baños de mar», recomendación muy utilizada por los médicos de la época, que así logran una mayor higiene en sus pacientes. Sin embargo, la presencia de automóviles es cada vez mayor y el mismo Pedro de Rosende no acepta una proposición que le hace un grupo de empresarios de Santiago para integrarse como socio o bien como administrador en una empresa de automóviles que explotaría la línea Curtis- Santiago, y que de forma esporádica ya viene funcionando.

     La sociedad se crea sin el concurso de Pedro de Rosende, y a finales de este año se efectúa el servicio de forma regular con un automóvil «Dion Buton», propiedad de la empresa «Automóviles Santiagueses, S. A.» cuyo consejo de administración lo integran los compostelanos Juan Moreno Tilde, Lorenzo López de Rego Labarta y Laureano Novoa. Este primitivo «Dion Buton» es sustituido al poco tiempo por un moderno «Hispano Suiza», con mayor número de plazas.

     Las vías de comunicación de Curtis con Santiago y La Coruña son buenas, dentro de las limitaciones de la época, pues la llamada carretera no es sino un empedrado que durante los inviernos se convierte en inmenso lodazal. El resto del municipio carece de comunicaciones entre los diversos núcleos, y sólo existen dos caminos vecinales de cierta categoría en todo el término: el que enlaza la Estación de Curtis con la feria de A Illana y otro que de la iglesia de Santa Eulalia conduce hasta Carregal y Gorxá.

     Esta situación obliga a las autoridades a tratar de conseguir el ensanchamiento de ambos caminos y se llevan a término diversas gestiones en la Diputación, logrando que las obras de mejora salgan a concurso en el transcurso del año 1918, con un precio medio de diez mil pesetas por kilómetro, y que los dos caminos se contemplen como uno solo con un largo total de 12 kilómetros, que se denominará «de la Estación de Curtis a Carregal y Gorxá».

     Hacia finales de esta década sigue llegando a Curtis gente emprendedora y comerciante, fundando familias que hoy están muy ramificadas en el pueblo. Entre ellos, Manuel Gestal Blanco, que deja su aldea de Mercurín (Ordenes) y decide trasladarse a Curtis, donde compra la primera casa (de planta baja) de la margen izquierda en la carretera saliendo de la estación, y la dedica a panadería y vivienda. Más tarde, edificaría en el lado opuesto, quedando la casa primitiva dedicada a horno.

 

     También llega Valentín Rodríguez, procedente de O Carballiño, instala tienda y taller de guarnicionería, lo que representa para el pueblo y su entorno un gran servicio, dado que las labores del campo así como los traslados, se hacen con caballerías. Valentín es el clásico gallego «pillo» y a su tienda acude un buen día un paisano a recoger unas polainas que había dejado para que le realizase un arreglo.

     Pregunta et paisano el precio del trabajo, y el guarnicionero contesta:
 

     -Tres pesetas.
 

     El paisano no echa mano de la cartera y paga, sino que se permite un comentario que al momento aprovecha el tendero:

     -Es un arreglo bien barato -comenta el dueño de las polainas.

     Ante la contestación, Valentín no duda ni un segundo, y al momento duplica el coste del arreglo, pero de forma muy diplomática:
 

     -Perdona, que me expresé mal. Tres pesetas, pero cada polaina.
 

     Otras fueron las personas que acuden a Curtis en estos años, como Santiago Justo López, un policía que llega a la localidad por consejo médico debido a la altitud a que se halla el pueblo, tratando de recuperar su delicada salud, lo que consigue y definitivamente decide quedarse en la nueva población siendo oficial de la oficina de telégrafos. Justino Gómez y Álvarez de Ron, farmacéutico, abre botica en Curtis, y en los próximos años interviene de forma decidida en todo lo que representa un beneficio para el pueblo. En la parte posterior de su casa hace pintar un gran letrero con la leyenda «Curtis, únete a Betanzos», reclamando con gran visión de futuro la pertenencia de Curtis al partido judicial brigantino, lo que se llevaría a término con el paso de los años, en detrimento de Arzúa distrito en el que está incluido el núcleo curtiense en los años que nos ocupan.

capítulo anterior

capítulo siguiente