Hechos, datos y personajes para la historia de un pueblo nuevo

 

Por Andrés Mariño Sanmartín

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1883 LOS ORÍGENES: BODEUS Y EL FERROCARRIL

BODEUS. Lugar perteneciente a la parroquia de Fisteus, ayuntamiento de Curtis, en la provincia de La Coruña, diócesis de Santiago de Compostela y partido judicial de Arzúa. Terreno montañoso, poco dotado para la agricultura, donde sus escasos habitantes cosechan centeno, maíz y algo de trigo, dedicándose preferentemente a la explotación de ganado vacuno, caballar y de cerda. Tiene molinos harineros comunes para los habitantes de varias aldeas del contorno asentados en el río que los lugareños conocen por Peneco (Mendo).

 

Más o menos, así podría describirse en el año 1850 lo que hoy conocemos como Aldea Vella. Sus vías de comunicación se limitaban a caminos vecinales que en el mejor de los casos tenían un ancho suficiente para el paso de carros del país y alguno de enlazaba con el camino real que discurría por el límite del ayuntamiento, bordeando los terrenos que hoy ocupa el cementerio parroquial, lo que suponía un contacto con el resto del municipio y otras comarcas. Dedicados a la lucha por la supervivencia, mal podían conocer sus habitantes lo que acontecía en el año 1858 en Madrid, donde se aprueba el proyecto y se autoriza la subasta de la línea del ferrocarril de Palencia a La Coruña, cuya construcción cambiaría totalmente el entorno de la aldea. Llevar a cabo el inicio de las obras se retrasaría unos años y la realización sufre serias vicisitudes en su trazado total. Sin embargo, el tramo comprendido entre La Coruña y Lugo se desarrolla a partir de 1866, constituyendo la construcción de los túneles de A Tieira y Payorrodríguez una fuente de ingresos para la economía de los lugareños por el trabajo que ellos mismos aportan, así como el empleo de sus animales en la construcción del camino de hierro.

Sobre este tema, es fácil escuchar en la zona, hoy en día, a personas de avanzada edad las narraciones recibidas de sus abuelos en torno a estas labores en las cuales las mujeres transportaban, en cestos de mimbre, la tierra y piedra que los hombres picaban en la construcción de los túneles. Otros ingresos los obtenían con el alojamiento que alguna familia daba en sus modestas casas a los trabajadores foráneos, que tras un día de agotador trabajo no necesitaban más que un jergón de paja para pasar la noche.

En octubre de 1875 los trenes ya recorren el tramo entre Lugo y La Coruña, con las vías y estaciones terminadas. La de Curtis es de las más amplias del trayecto y en sus instalaciones se contempla un depósito de agua para proveer de este líquido a las locomotoras, agua que a su vez se conduce hasta la estación desde un manantial existente en el monte de Os Quenllos, donde se construye un pequeño estanque. Asimismo, se edifica una plataforma para efectuar el cambio de sentido de las locomotoras y se dota a la estación de muelles para carga y descarga de mercancías.

                A partir de este año, la compañía constructora pasa por momentos difíciles y se produce su quiebra. De nuevo sale a subasta la construcción de los tramos pendientes, entre ellos el de Brañuelas-Ponferrada, el más difícil del recorrido, que se adjudica un grupo formado en su mayoría por banqueros franceses. Para estas obras se necesitan gran cantidad de traviesas que se pagan a unos precios astronómicos para estas fechas: las de roble se abonan a 5 pesetas y las de pino inyectado a 3,65, alguna de las cuales suponemos ya saldría de la estación de Curtis.

                Llega el año 1883 y la obra se da por terminada, dando comienzo los trabajos previos a la inauguración de la línea por el rey Alfonso XII, quien sale de Madrid en viaje inaugural el 31 de agosto y llega a Monforte en la mañana del día siguiente. El 1 de septiembre de 1883, fecha histórica para Curtis, reanuda el viaje hacia La Coruña, recorriendo lentamente el camino para que los viajeros contemplen las obras al tiempo que los monarcas son aclamados en todas las estaciones.

 

                Con el fin de solemnizar lo más posible la efemérides, el Gobierno Civil de La Coruña había remitido una circular a los ayuntamientos de la provincia afectados por la mejora, exhortándoles a preparar actos festivos para dar mayor realce a la inauguración de la línea férrea. La comunicación destinada al de Curtis se recibe en la aldea de Santaya, sede de la corporación en ese momento, dado que el término municipal de Curtis carece de una localidad concreta conocida con este nombre y la formación de este municipio obedece a la agrupación de diversas parroquias con lo que se cumple la normativa de constitución de ayuntamientos que obliga a reunir un censo de mil habitantes en su comarca; tampoco posee unas dependencias propias que puedan considerarse casa consistorial, habilitándose para ello locales en alquiler que normalmente no reúnen las condiciones necesarias para tal fin, y que suelen cambiar de emplazamiento, coincidiendo su asentamiento en varias épocas con el lugar donde vive el alcalde. Santaya, sin embargo, es la aldea que más tiempo ostenta la capitalidad, habiéndose enajenado hacía meses la casa conocida como Taberna Vella para destinarla a dependencias del ayuntamiento.

                En estos locales se había reunido, en días anteriores a la inauguración, la corporación municipal, presidida por el alcalde Antonio Sánchez Fandiño, en cuya sesión «participa el día y hora en que llega a la Estación á que da nombre este distrito el Tren Real, con motivo de la inauguración oficial del ferrocarril del Noroeste cuyo acto honrarán con su presencia SS.MM. La corporación enterada de todo y vista la precaria situación de la Hacienda Municipal que no permite hacer gastos indispensables para solemnizar cual es el deseo de este ayuntamiento tan fausto suceso, acuerda por unanimidad encargar al secretario disponga lo necesario a fin de de- mostrar a SS.MM. la adhesión y agradecimiento de que se hallan poseídos los tales habitantes de este distrito, a cuyo efecto se ruega haga los anticipos que el caso requiera presentando luego las cuentas de gastos para su aprobación y pago, bien por cuenta municipal o por subvención que se solicitó a la Diputación Provincial».

                Se acuerda por tanto en esta sesión que la nueva estación no reciba el nombre de la aldea allí existente, Bodeus, sino el del distrito con lo cual el enclave que se inaugura sea representativo de todo el municipio y se conozca en toda España con el nombre del ayuntamiento.

                El secretario, José María Vázquez Núñez, persona que, en unión de uno de sus hermanos, en los próximos años tendría un gran protagonismo en los aconteceres del municipio, acepta gustoso prometiendo «no perdonar medio de ninguna clase al objeto de dar el mayor realce posible a la demostración de regocijo que procede hacer y la consideración que este pueblo debe hacia nuestros augustos soberanos». En esta sesión también se tomó el acuerdo de designar al alcalde y los concejales Sánchez Gómez y Ayerbe López, para que en unión del secretario acudan a saludar a sus majestades a la recepción regia que se celebra el día 2 de septiembre en los salones del palacio provincial de La Coruña.

                Así pues, el 1 de septiembre de 1883 hubo fiesta grande en la explanada que la compañía de los ferrocarriles había realizado en la parte posterior del edificio de la estación, y en la qué finaliza la carretera construida por la Diputación con el fin de dotar a la ciudad de Santiago de un enlace con el resto de España por ferrocarril, con lo cual la estación que se inaugura se constituye en un punto de gran interés para las comunicaciones, lo que se ve reflejado en el inmediato desarrollo de un núcleo de población en los terrenos lindantes al ferrocarril.

                De un margen de la vía quedaba el lugar de Bodeus, con la casa de Benito Seoane Paredes, «o tío Benito do Santo», que con su trabajo en la construcción de la vía y el alojamiento que había dispensado a los obreros en la construcción de la línea férrea, cosechó una pequeña fortuna que supo invertir en la compra de terrenos a lo largo de la recién estrenada carretera a Santiago. Alguno de estos solares lo donaría más tarde para levantar la iglesia y casa parroquiales.

 

            Del otro lado de la vía, se podía contemplar el edificio de la estación y la explanada, con unos desniveles muy pronunciados hacia el camino que iba hasta O Seixo, paralelo al riachuelo que hoy transcurre subterráneo. Al principio de la carretera se comenzó la construcción de varias casitas de planta baja, con el suelo de tierra o, en el mejor de los casos, enlosado con piedra del país. Estas casas fueron convertidas en los primeros negocios del pueblo, sirviendo algunas de ellas de almacén para las mercancías destinadas a diversos pueblos de la comarca, lo que suponía ya de entrada motivo de un movimiento de carruajes y carros que auguraban un próspero futuro a los alrededores de la estación. A pocos metros, saliendo en dirección a Santiago, monte y más monte se podía contemplar a ambos lados de la carretera, hoy convertida en calle principal.

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