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¿En qué momento y cómo sintió
la llamada a ser sacerdote?
No fue un día determinado. Yo
vivía cerca de la iglesia parroquial. El Párroco venía mucho a casa,
le tenía simpatía, le ayudaba a misa; la maestra era muy buena, mi
familia piadosa, algunos de broma me decían que podía ser cura, poco
a poco me fue gustando el sacerdocio y así un buen día planteé a mi
familia el ir al Seminario y fue fraguando y afianzándose mi
vocación.

¿Qué recuerdos tiene usted de
sus años en el Seminario?
Fueron al principio unos años
duros. El internado con su rígido reglamento, años de escasez
económica. Pero cada curso que pasaba iba mejorando, y puedo afirmar
que fueron de los años más felices de mi vida. Los condiscípulos
éramos como una familia, el reglamento ya no se nos hacía tan duro;
los superiores no eran tan rígidos; los estudios te interesaban más
y veías más cerca el final.
¿Qué recuerda del día de su
ordenación?
Lo recuerdo todo como si
fuera ayer. La verdad que la noche anterior no dormí nada. Nos
hicimos la corona unos a otros, recogimos nuestros pocos enseres. Un
poco, bastante, nerviosos, nos despedíamos unos a otros los 20
condiscípulos que nos ordenábamos, renovábamos las promesas de
amistad; ya sentíamos dejar el Seminario, que fuera nuestra segunda
casa durante los trece años de carrera, y repasaba una y mil veces
la ceremonia hasta que llegó la hora de salir para la iglesia de S.
Martín Pinario donde el Cardenal Quiroga Palacios nos ordenó.
Después nos juntamos un rato los compañeros para despedirnos por
última vez, nos unimos a los familiares, nos despedimos de los
superiores y cada uno a su casa.
¿Cómo ve usted el
futuro de ordenaciones sacerdotales?
Las veo muy buenas en
calidad, pero pocas en cantidad. Están ordenándose sacerdotes con
muy buena formación cultural, pastoral y espiritual, propio para
nuestros tiempos; pero
muy pocos. Confiemos, menos eran los Apóstoles…

¿Le resultó difícil adaptarse
a la renovación del Concilio Vaticano II ?
Seguí el desarrollo del
Concilio con mucho interés. Asistí a muchos cursillos
sobre el Concilio y no
me resultó difícil adaptarme. Yo mismo me sorprendía de lo rápido y
fácil que me fue asimilar las novedades, comparándome con otros
sacerdotes lo difícil que les fue.
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¿Cómo fueron sus primeros
destinos como sacerdote?
Mi primer destino fue a unas
parroquias rurales e internadas, hoy del
ayuntamiento de
Puentes: Eume, Faeira, Rivadeume y Bermuy, al mismo tiempo que
Capellán de la Empresa que construía el Eume. Eran dos mil obreros,
muy fructífero el poco tiempo que estuve, me apreciaban mucho tanto
los obreros como la sencilla gente de la parroquia. Daros cuenta que
yo tenía entonces 25 años con todo lo que eso significa en un
sacerdote joven, lleno de fe, ilusión y entusiasmo. Recuerdo con
cariño anécdotas que nunca he vuelto a vivir.
¿Qué es lo que más recuerda
de la 1ª vez que vino destinado a Curtis?
Para mi Curtis no era
desconocido; de niño venía con mis padres a las ferias; de
estudiante a las fiestas; trataba mucho al Cura D. Francisco. Cuando
el Arzobispo me llamó para Párroco de Curtis, lo acepté
inmediatamente y contento. Me impresionó positivamente la mucha
cantidad de gente que asistía a los actos religiosos, principalmente
hombres. Me preocupó negativamente el estado del templo parroquial y
la necesidad de un Cementerio, que hoy son problemas resueltos.

¿Qué pensaba de Curtis cuando
vino y qué piensa ahora?
Curtis era una parroquia
relativamente nueva, sólo 75 años; con familias venidas de otras
parroquias; personas de buenas costumbres. Durante los 38 años que
llevo de Párroco no he tenido disgustos mayores, gente que sabe
escuchar, que el cura trate a todos igual y lo religioso que se
trate con seriedad y respeto, sin chabacanerías.
¿Cómo vio y cómo ve el pueblo
de Curtis espiritualmente?
El pueblo de Curtis es
esencialmente religioso, cumplidor, noble y afectuoso. La juventud
está un poco alejada de los centros de formación religiosa, pero es
una juventud trabajadora, emprendedora, hay que trabajar para vencer
la apatía y la falta de ilusión. La gente en general la veo más
formada, los mayores siguen practicando.
Después de 50 años de servicio a
la Iglesia ¿cómo debería ser la Iglesia para
Vd.?
Deberá ser eso precisamente
Iglesia que se dedique al servicio de todos, particularmente de los
más necesitados material y espiritualmente. Una Iglesia en que los
curas tengan más libertad externa para evangelizar. Una Iglesia en
la que los seglares, los laicos tengan más protagonismo. Una iglesia
en la que no sólo el Párroco consulte, oiga y ejecute las cosas de
acuerdo con sus feligreses, sino también el Obispo esté enterado por
los fieles de la vida espiritual y eclesial de los distintos núcleos
y movimientos diocesanos. La Iglesia la formamos todos los católicos
bautizados, por tanto sus problemas son de todos; menos
clericalizada, haciendo caso a ciertos problemas nuevos, que no se
refieran al dogma y a la moral, abierta a todo y a todos, como
estaban los Apóstoles.
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