|
|
![]() |
Carros tirados por una mula servían para la recogida de leche por las aldeas.
Pedro de Goros fue una de esas personas que surgen en las aldeas de Galicia con una capacidad innata para encontrar respuesta lógica, científica e irónica a cualquier situación y poseer siempre la última palabra en las discusiones por la "chispa " de que suelen hacer gala. Cierto día, un vecino preguntaba a Pedro, dónde había adquirido tantos conocimientos, encontrando al momento la respuesta oportuna a su curiosidad: - Mira ho, a Santiago van os tolos, os enfermos e os estudiantes. Eu estiven en Santiago tres anos e enfermo non fun, así que algo debéuseme pegar dos outros dous.
Pedro de Goros vivía en Aldea Vella y se dedicaba a la recogida de leche por las aldeas con un carro tirado por una mula, por encargo de una de las muchas lecherías que existían en el pueblo y que enviaban miles de litros todos los días a La Coruña. Cuentan y dicen que él era un experto parando su carro justo al llegar al regato del que hoy se alimenta la piscina municipal y hacer que aumentase la cantidad de litros que transportaba, añadiendo a la leche la medida justa de agua.
Además tenía un par de vaquiñas cuya leche vendía en varias casas del pueblo y a aquellas familias que en los veranos de los años sesenta acudían al pueblo y alquilaban una o dos habitaciones con derecho a cocina.
Una de estas clientes, que sospechaba de las manipulaciones de Pedro, comentó intencionadamente al leitero:
- Oiga Pedro, esta leche no será muy fuerte para los niños, ¿verdad?
A lo que el bueno de Pedro respondió irónico:
-Non se preocupe señorita; non lle bote auga ó leite que xa ven preparado para os rapaces.
Cruzaba certo día de inverno Pedro de Goros o paso a nivel desde a Aldea Vella deica a estrada, onde atopa a Manuel o Barbeiro diante da súa casa, intentando arrancar a Rubia para emprender unha viaxe. O frio fai que o motor tarde en entrar en funcionamento e o Barbeiro dálle voltas e voltas á manivela, empeñado unha e outra vez en que o coche se poña en marcha.
Tras un bo rato de observar a maniobra de Manuel, que segue encorvado e suoroso diante da Rubia, dalle que dalle a manivela, pregunta Goros:
- E logo Manuel, ¿sei que vas pra moi lonxe?
O Barbeiro, co xenio que lle saía polas orella, responde con mal aire:
- ¿E ti por que o dis?
- Home, como lle das tanta corda...
Pedro de Goros aún hacía gala de su buen humor, ya entrado en años, cuando tuvo que ser internado en un centro sanitario, debido a una afección de próstata o quizás una infección en el conducto urinario. Ya en el sanatorio, pronto se hizo popular y gozaba de la simpatía de médicos y enfermeras. Uno de los doctores que le atendía quiso comprobar hasta que punto llegaba el optimismo de Goros, y en una revisión, después de hacer desnudar al paciente y observar su aparato reproductor, comentó al enfermo:
- Pedro, aquí tenemos que cortar.
A lo que el enfermo contestó sin desanimarse:
- Mire, doctor, de cortar, nada. Pero empalmar sí que pode empalmar o que queira.
Andrés Mariño Sanmartín.
Curtis, Virando no tempo