En septiembre de 1944 tiene lugar uno de los hechos más recordados en la historia de Curtis : una "corrida de toros", como se anuncia en los carteles y copiosa propaganda que se distribuye por toda la comarca, si bien a los animales habría que calificarlos de novillos.

   El domingo 3 de Septiembre se celebraba el día grande de las fiestas patronales y la comisión formada por Celestino Vázquez, Dositeo Terrón, Ángel Mato Garea y Celedonio Vázquez había conseguido durante los meses anteriores tener en vilo no solo al vecindario del pueblo sino a los habitantes de toda la zona. Los gaiteros, las bandas de música y las "renovadas orquestas" pasan a un segundo plano y todo el mundo está pendiente de la marcha de los tramites en la contratación del festival taurino.

   A finales de Agosto comienzan los preparativos para la construcción del coso taurino que se instala en un margen del campo de la feria aprovechando la muralla que separa el recinto ferial de la huerta de Julio Méndez. Con puntales y tableros cedidos por los aserraderos de Raposo, Dans y Torres se inicia la construcción de la "plaza", con cinco gradas en la parte que da a la huerta de Julio, en tanto que del lado de los carballos se construyen el resto de las gradas y el departamento para toril, sobre el que se instalaría la banda de música. El día 2, todo está preparado y los miembros de la comisión, los trabajadores y curiosos que contemplan orgullosos la obra, al tiempo que se acuerda trasladar los novillos desde la estación hasta una cuadra de Julio Méndez, situada en la carretera de la Illana.

   Llegado el día grande, y cumpliendo el programa, a primeras horas de la mañana todo está preparado para el "encierro" con un recorrido previsto desde las cuadras hasta el toril por la carretera de A Illana. La expectación es enorme y allí están los mozos del pueblo entro los que figuraban los que días anteriores presumían de "expertos", Benedicto do Barbeiro y Miguel de Valentín, para correr delante de los toros hasta la plaza. Se abre la puerta y asoma la figura de las reses bravas en medio de varias vacas que los acompañarían en su recorrido. Con los animales ya en la calzada, da comienzo el lanzamiento de "foguetes" para celebrar el acontecimiento. Con el ruido de los cohetes, los animales huyen despavoridos carretera arriba hacia  Illana entre los gritos de impotencia de los participantes en el encierro y las acusaciones mutuas por no saber "tornar" la escapada y muchas miradas dirigen furiosas al protagonista del lanzamiento de los cohetes que se deshace en lamentaciones. Por unos momentos el desánimo es total. Adiós tarde de toros.

   Sin embargo la reacción es rápida y varios vecinos acuden raudos a sus casas, ensillan sus caballerías y campean por prados y huertas a la busca de los novillos. Dos de ellos pronto son capturados y trasladados a la plaza, no sin antes haber ingerido los hambrientos toros varias docenas de repollos en las fincas próximas. Pero faltaba por capturar el más grande, al que se vio enfilar en loca carrera la cuesta hacia A Illana. Transcurrida media mañana y tras buscar por caminos, prados y fincas, es José Lino quien lo divisa en las brañas de la cercana aldea de Busto y tras una laboriosa tarea en su conducción, el "toro" acaba en el toril de la plaza.

   La mañana ya tiene su anécdota y los comentarios giran entre jocosos y preocupados por el ridículo que rozó el pueblo en un tris de no poder celebrar la corrida profusamente anunciada por toda la comarca.

   Son las once y la banda hace su recorrido por el pueblo con los niños correteando tras la formación musical hasta la hora de la misa, a la que sigue la procesión. El tiempo pasa veloz para unos, que disfrutaron del baile vermut y lento para los que están pendientes de las cuatro de la tarde.

   El sol de septiembre calienta al terminar la comida y los aficionados, tras abonar la entrada instalada de forma coqueta en el Café Exprés, atraviesan las cancillas del campo de la feria donde se controla el acceso, y esperan a las sombra de los carballos la hora de la fiesta. De La Coruña, Lugo, Melide, Arzua, Betanzos... van llegando automóviles repletos de aficionados.

    El encargado de la taquilla despacha sudoroso y contento entrada tras entrada sin sol ni sombra y los espectadores van llenando huecos. Los codazos en gradas son cada vez más frecuentes entre quienes procuran un buen asiento, y algunos tableros empiezan a crujir con el peso. Los miembros de la presidencia ocupan su lugar y la gente sigue accediendo a los tendidos.

   Sale el primer toro y alguno de los mozos que en días anteriores había alardeado de valor y conocimiento del arte de Cúchares, hace amago de lanzarse como espontáneo con unas "berzas" en la mano, pero prudente retorna al burladero. Los tableros crujen de nuevo y algún puntal se bambolea. Varios espectadores se ponen de pie ante el inminente peligro y otros optan por saltar al medio de la huerta de Julio Méndez. El movimiento en las "gradas" va en aumento y la tribuna presidencial tiembla , tiembla... hasta que se viene abajo arrastrando el entramado de tableros que aplastan las coles de la huerta. A la confusión del primer momento sigue la calma que aquellas personas que tratan de reponer del susto a los más afectados por la caída y tras haberse comprobado que no existen desgracias personales, continúa la fiesta con unas faenas que no pueden calificarse precisamente de brillantes, pero el ambiente vivido en esta jornada será recordado durante muchos años y los acontecimientos acaecidos inspiran a José Liñeira Epiñeira unos versos en los que relata lo acontecido:

 

O día 3 de Setembro        

chamou moito a atención

nas aldeas e nas comarcas

e tamén nas poblacións

 

En Cuba e Buenos Aires,

ata a illa de mouros

anunciaban os diarios

a gran corrida de touros.

 

De Madrid e de Betanzos,

de Santiago e de Sarandóns,

xa se xuntaron en Curtis

dezasete mil pàsmóns.

 

Veñen trenes atestados

de xente para mirar,

poñan atención señores

que agora vou empezar:

 

O touro bravo escapou

xa non temos a corrida

os toreros están contentos

!Era o que máis cornos tiña!

 

O pequeno foi tras él

e non o puido pillar,

na horta de Fontecoba

alí mesmo foi parar.

 

José Lino foi buscalo

montado no seu cabalo;

se José Lino non fora

non era sacrificado.

 

Foi tamén xunto a Tizón

José Lino  no cabalo,

que lle prestara a xovenca

pra traer o touro bravo.

 

Máis Tizón contestoulle

que eso non pode ser;

porque teño unha travesa

pola mitá pra fender.

 

E a xovenca non a deixo

sen ir eu acompañala,

pois se ma pilla o touro bravo

non para ninguén na Cabana.

 

Os da Cabana ó sabelo

empezaron a correr,

saíron os de Padreiro

e non os puideron deter.

 

Todos eles moi xuntiños

xa non podían andar,

chegaron a Centeás

e pediron merendar.

 

Saen os de Centeás

e fixeronos volver

que o que hai en Centeás,

é para eles comer.

 

Deixemos a Centeás

e imos o Seixo de Arriba;

imos cabo Fantecoba

a ver que repolos tiña.

 

Os repolos eran bós

según dixo o Fragueiro;

ó meterse o touro neles

en velo foi o primeiro.

 

Empezou a comer neles

parecía un can doente;

coa fame que traía o touro,

cada repolo, seu dente.

 

E aínda tiveron sorte

non ter os dentes d´arriba,

que se os tivera

non chega o Seixo de Arriba.

 

 

  

Deixemos a Fontecoba

´!que a comisión pagará!

vamos a Praza de Touros

a ver que bonita está.

 

O enxeñeiro da praza

era un home moi gordecho;

o día que a entregou

xa caeu de cú co medo.

 

E cando caeu embaixo

xa reventou os fuciños

e co tumbo que meteu

espantou tódolos veciños.

 

Saiu Tomás do Santo

montado na súa Lira,

!parecía o presidente

da república Argentina!

 

Foi Tomás a dar as chaves

ó presidente da corrida;

alí non había nada,

xa todo desaparecía

 

A presidencia afundiuse

e máis parte do tinglado;

romperonlle a horta a Julio

e o parte vai no Xuzgado.

 

Pero ás catro da tarde,

pola hora oficial,

xa saiu o touro bravo

pola porta do corral.

 

O primeiro foi Manolo,

un torero do millor:

estudiou para zarralleiro

!aprobou de capador!

 

Tiña medo que o seu touro

escapara para o prado,

e díxolles ós rapaces:

!termade del polo rabo!

 

Un pillouno polo rabo

e outro pola rodilla;

despois de telo deitado,

Julián deulle a puntilla.

 

E Dositeo Terrón reñiu

co veciño Manuel do Santo;

deulle un golpe no nariz,

tirouno da silla embaixo.

 

A Manuel pareceulle mal

polo golpe que levou;

polo arrastre dos touros,

cen pesetas lle cobrou.

 

Díxolle un da comisión:

Ti xa non sabes andar

que se cobraras trescentas

millor ibas quedar.

 

Máis o Ignacio Lamas

ese non quiso cobrar,

e o pobre do cabalo

!foi a dormir sen cenar!

 

E Liñeira tamén foi

un pouquiño alí mirar

pero díxolle a muller

que tiña que torear

 

Máis Liñeira contestoulle:

A min non me dá a gana

porque non quero morrer

!nunha praza derrubada!

E se teño medo os touros,

moito máis as estocadas.

 

E contestolle a muller:

A estocada non te espante,

xa temos levado moitas,

!e sempre fomos adiante!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

JOSÉ LIÑEIRA ESPIÑEIRA

Curtis, septiembre de 1944

 

 

Andrés Mariño Sanmartín.

Curtis, Virando no tempo

 

 

ATRÁS