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José Ríos Moros "El Aragonés"
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En los primeros años de la década de los veinte, Curtis cuenta con una iglesia con categoría de capilla, dado que los trámites oficiales como bautizos, bodas, defunciones, etc; tienen que registrarse en la parroquia de Fisteus, a la que pertenece el nuevo núcleo de población que se desarrolla en torno a la estación, con los consiguientes contratiempos que esta situación conlleva. La población va en aumento de año en año, lo que anima a los vecinos a solicitar del arzobispado de Santiago la conversión de su iglesia en parroquia. En el año 1928 se crea una comisión con el fin de lograr esta categoría para la iglesia del pueblo, al difundirse la noticia de que el arzobispo acudiría desde Santiago hasta Curtis, donde tomaría el tren con destino a Madrid. El señor Moar, factor de la estación, estaba informado del día previsto para el viaje del prelado y comunicó la fecha a los comisionados entre los que, llegando el día, afloraron los nervios al no querer ninguno de ellos asumir la responsabilidad de dirigirse a la autoridad eclesiástica aduciendo, quien más y quien menos, su escasa facilidad para expresarse en castellano, motivo por el que deciden buscar un portavoz que los represente dignamente en la lengua de Cervantes. La persona idónea era José Ríos Moros, el Aragonés, vecino del pueblo y castellano parlante aunque existía el inconveniente de su conocido agnosticismo y su nula simpatía por todo lo relacionado con la iglesia. |
| Consultado el
Aragonés, no puso traba alguna porque, dejando a un lado sus
creencias, se trataba de una mejora para el pueblo de Curtis.
Llegado el día encabezó la comisión en su entrevista con el
arzobispo a quien expuso la situación con tal convicción y
realismo que impresionó al mitrado santiagués. Una vez
concluida la reunión, el arzobispo manifestó que meditaría
durante su viaje sobre el problema planteado.
Pasados unos días, de nuevo el factor Manolo Moar recabó la información necesaria hasta conocer la fecha del regreso del arzobispo. En el día y a la hora prevista, en el andén de la estación esperaba la llegada del arzobispo la comisión de vecinos encabezada por el Aragonés, sumándose al grupo Ignacio Martínez Juncosa, otro conocido agnóstico. Fue el Aragonés el primero del grupo en dirigirse a la escalerilla del tren y hacer la protocolaria inclinación y besamanos al arzobispo para, a continuación, acompañarlo hasta una salita de la cantina en la cual expuso nuevamente el problema que acuciaba a los curtienses, logrando sonsacar de la autoridad eclesiástica un adelanto sobre la decisión que tomaría al llegar a Santiago: Se iniciarían los tramites necesarios para declarar la capilla de Curtis con la categoría que hoy ostenta: Iglesia parroquial de Nuestra señora de Lourdes. La alegría asomó a los rostros de los comisionados quienes acompañaron al prelado hasta el coche que lo conduciría a Santiago, siempre con el Aragonés como portavoz del grupo, mostrándose éste con tal exquisitez con el mitrado, que Ignacio Martínez no pudo menos que exclamar cuando el vehículo se puso en marcha: -Aragonés, no inferno o demo ten que estar que estar facéndose cruces. |
Andrés Mariño Sanmartín.
Curtis, Virando no tempo