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José Rico y Raimundo Naveira disfrutaron durante muchos años de gran amistad y difícil resultaba ver a uno sin la compañía del otro, hasta el fallecimiento del primero. Personas alegres, extrovertidas, amantes de las fiestas y de las bromas todo en ellos resultaba parejo excepto su estatura: Rico, aunque no excesivamente alto, era de considerable estatura y fuerte complexión, en tanto Raimundo roza el metro y sesenta centímetros, lo que le permite gastar todo tipo de chanzas en relación a esta diferencia en el aspecto físico. Rico, quien decía ser "rico" ya desde nacimiento, poseía una extraordinaria voz y en fiestas y reuniones gastronomicas era requerido para interpretar un extenso repertorio, lo que aceptaba gustoso, logrando el inquieto Raimundo que los asistentes participasen como improvisado coro.
Una gran amistad unió a José Rico y Raimundo Naveira
Las aficiones de Raimundo y Rico no pasaban desapercibidas en la guarnición de la Guardia Civil de Curtis, donde gozaban de aprecio y amistad. Quizás en uso de esta amistad , una pareja de servicio intentó poner a prueba el humor de los amigos en una noche en que ambos regresaban canturreando a casa. La noche era oscura y el alumbrado público , como era habitual en la época , estaba averiado, circunstancia que aprovecharon los miembros de la benemérita para salirles al paso al tiempo que daban el grito de rigor:
-¡Alto, alto a la Guardia Civil!
Rico, sorprendido, permaneció estático en tanto Raimundo continuó tranquilamente su marcha.
-Raimundo ¡hemos dado el alto! - matizó uno de los guardias , quien a su vez se vio sorprendido por la respuesta del pequeño Naveira.
-Ustedes dixeron que querían o alto, ¡pois ahí o teñen!
Andrés Mariño Sanmartín.
Curtis, Virando no tempo