Hay ocasiones en las que se prolonga la tertulia con los amigos que recorren las diversas tascas del pueblo, y se echa mano de un viejo dicho popular en Curtis , según el cual todos los bares pagan contribución en un intento de justificar la penúltima copa antes del regreso a casa, en donde se espera la consabida regañina. En una de estas circunstancias se encontraron una noche los vecinos Oriente Abelenda y Tomás Seoane, más conocido como "Tomas do Santo", siempre tocado de sombrero y con cadena de plata pendiendo de la botonera del chaleco hasta el pequeño bolsillo en el que guarda un precioso reloj del mismo metal, cuyas agujas marcaban una hora cercana a las dos de la madrugada.

      En aquellos días había recibido Oriente unos chorizos que un amigo le había remitido desde El Bierzo y de los cuales elogiaba su punto de picantillo, empecinándose esa noche en que Tomás le acompañase a su casa a probar el exquisito producto maragato. Tomás, quien rara vez tiene prisa, decide hacer el camino con Oriente hasta el domicilio de éste, donde la aguarda su esposa Manuela, quien a causa de un accidente había perdido la pierna y se vale de una pata de palo, lo que la obligaba a caminar apoyándose con un bastón. Debido al accidente, o bien por naturaleza, el carácter de Manuela es más bien hosco y a veces da muestras de un genio endiablado.

       Llegados los dos amigos a casa de Oriente, se instalan en la cocina, ponen una sartén al fuego previamente atizado y comienzan a freír los chorizos bercianos mientras se enzarzan en una conversación subida de tono, dado el vino ingerido. Entre el ruido de los cachorros para la preparación de la comida y las voces de los compadres, se despierta Manuela, quien echa mano del bastón y se dirige hacia la cocina, entrando justo cuando Tomás lleva el primer bocado a la boca. Descarga Manuela un tremendo bastonazo que impacta en el mango de la sartén, que salta hasta el techo con los chorizos dentro.

        Tomás se cerciora rápidamente del peligro y enfoca a toda prisa la puerta de salida mientras exclama irónico, en correcto castellano:

         -¡Cómo pican, caballero!

 

   Andrés Mariño Sanmartín.

Curtis, Virando no tempo

 

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