HISTORIA DE UN REENCUENTRO
Capítulo II
Aldaya iba a despedirse de Yair como tantas otras veces durante la última semana y en el momento del adiós el aire se volvió denso, turbio y el cielo cambió de color, un color anaranjado que transmitía que algo especial iba a suceder.
Fue como una premonición, Aldaya no supo entender lo que pasaba hasta que se volvieron a encontrar de nuevo al día siguiente.
El día del encuentro Aldaya se sentía nerviosa, demasiado inquieta para entender lo que le estaba pasando. Él llamó a su puerta como de costumbre para recogerla y ella sintió que su corazón palpitaba más fuerte que otras veces; fue la primera vez que tuvo miedo de volver a verle porque sentía en su interior que la tarde sería especial y única, nunca supo porque se sintió así pero recordaba el color del cielo del día anterior y el espesor del aire; volvió a repetirse a sí misma: todo ésta escrito, y salió a su encuentro.
Cuando se vieron, él la besó, fue un beso cordial a modo de saludo, ella encontró extraño aquel beso pero decidió no darle importancia, aunque en su mente no dejaba de preguntarse una y otra vez él porque de aquel beso.
Decidieron tomar una copa en una cafetería distinta pero sin alejarse de Eldohí.
Yair estaba muy extraño durante la tarde, parecía nervioso y sus palabras en algunas ocasiones estaban llenas de confusión sobretodo cuando se trataba de hablar de sus sentimientos.
La situación para Aldaya empezó a volverse incómoda y no sabía como derivar la conversación hacia temas distintos pero, al mismo tiempo su curiosidad por penetrar en el interior de Yair consiguió que el corazón manifestara su deseo de saber.
De repente él cogió su mano y haciendo acto de gran valentía le confesó a ella sus sentimientos; la amaba, y a pesar del riesgo que suponía amarla debido a la distancia que les separaba, él quería estar con ella y disfrutar todos los días como si fuera el último, él quería compartir sus inquietudes, sus miedos, sus alegrías, en definitiva quería formar parte de ella, fue entonces cuando la besó.
El tiempo se detuvo unos segundos, el silencio por primera vez tuvo un sonido especial.
Aldaya sintió sus manos temblorosas y no supo que decir, en realidad no había nada que responder, aceptar aquel beso era la respuesta. El local donde se encontraban estaba lleno de gente con un ruido infernal, pero para ambos no existía el ruido, solo existía la paz de aquel beso cargado de pasión y a la vez ternura. Aquella noche la recordarían siempre.
Aldaya no consiguió conciliar el sueño, él ocupaba toda su mente, un sentimiento extraño invadía todo su ser y en su estomago sentía ese aleteo de mariposas incesante que transmite que el amor ha llegado.
Sintió miedo y a la vez pánico, había decidido arriesgarse y entregarse a aquel amor sin control, sin pedir nada a cambio, realmente era lo más puro que había encontrado en su joven vida.
Así que hasta que llegara el momento de regresar a Barcoi decidió no pensar en el futuro sólo en vivir el presente, dicho presente era suyo y nada ni nadie podía arrebatárselo. Quiso entregarse a él sin condiciones, sin límite y así lo hizo.
Fueron los días más felices en las vidas de ambos, no dejaban de mirarse, acariciarse, de conocerse un poco más a cada momento y sobretodo no dejaban de sentir.
Algo fuerte e invencible crecía cada día de una manera incontrolada, una cadena indestructible estrechaba sus vínculos uno tras otro sin detenerse.
A pesar de vivir intensamente cada momento, en la mente de ambos sabían que el día de partir llegaría, y fue un Septiembre de mañana triste, fría y oscura cuando ella tuvo que regresar a Barcoi.
No se puede transmitir con palabras el sentimiento de aquella despedida, de aquel adiós cargado de dolor y pesar. Aldaya no cesaba de llorar, Yair la consolaba diciendo que se volverían a ver y que el amor que sentía por ella era demasiado fuerte para que la distancia consiguiera separarlos y que el tiempo como siempre pondría a las cosas y a las personas en el lugar para el cual han sido destinadas.
Los días en Barcoi para Aldaya fueron muy duros, pensaba en Yair constantemente.
Ella maldijo el destino, incluso maldijo al amor porque no hacía más que lastimar a los seres que se amaban arrebatando todo tipo de felicidad, ¿de qué sirve amar si en un simple segundo se destruye todo? Se preguntaba.
Tras serenarse, pensó que debía encontrar una solución para salvar aquel amor tan grande que sentía por dentro. Recordó una frase de un escritor anónimo que decía que “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.
Por tanto dejó de maldecir aquello tan sagrado y pensando con el corazón y con la razón decidió dejar todo lo que tenía en su ciudad y trasladarse a Eldohí donde estaba el hombre al que más había amado en su vida. En su interior juró no volver a mirar atrás, no pensar lo que dejaba o lo que había hecho, tan solo mirar hacia delante, y mirar hacia delante significaba crear un futuro con él. Luchó con todos y contra todos los que decidieron persuadirla de su decisión a los que no cesaba de responder que su vida debía vivirla con la mayor felicidad posible y que si su destino había decidido enviarle a Eldohí era con un fin, el cual estaba dispuesta a aceptar sin condiciones.
El día que regresó en busca de Yair, fue una gran sorpresa, el no supo que ella regresaría tan pronto. Aldaya nunca le había visto tan feliz. No dejaba de besarla, en ocasiones el tenía miedo de que solo fuera una ilusión que no fuera real lo que estaba sucediendo. Fue entonces cuando él supo que Aldaya le amaba realmente y que nunca dudaría de sus sentimientos como el día en que se declaró a ella con miedo a ser rechazado.
Ha pasado un tiempo desde entonces pero ellos siguen juntos, cada día amándose más y agradeciendo a la providencia que los hubiera cruzado en el camino de aquel día en que el cielo cambió de color.
MORALEJA
En muchas ocasiones sentimos miedo al tomar decisiones, estamos acostumbrados a escuchar que hay que pensar con la cabeza y no con el corazón. Pero lo cierto es que la razón es fría y crea soledad. El corazón puede equivocarse pero en ocasiones vale la pena arriesgarse.
FIN
EVA